Nuestros negreros

Ya veis, hoy os voy a hablar de los únicos negreros a los que respeto, son una gente que muchas veces te trata con malas maneras, con malos modos, pero a los que nos esta vetado el darles el tortazo que a veces parecen merecerse. Son los más exigentes, los más críticos, los más feroces quitadores de sueño y los que nos llenan de preocupaciones con gran facilidad.

Son esos esclavistas que algunos hemos buscado con ganas, de los que estamos felices de servir, aunque a veces no lo parezca, una vez que aparecen en nuestra vida, deseamos que no desaparezcan nunca. Nos llevan donde ellos quieren, nos hacen renegar de nuestro propio tiempo, nos olvidamos de todo, menos de lo que a ellos les interesa, si, son NUESTROS HIJOS.

Por ellos, somos capaces de aguantar una película de Hanna Montana, de comprar un disco de Tokio Hotel o incluso de asistir a un concierto de Carlos Baute (si, todos son ejemplos reales, os lo aseguro, lo he pasado yo), pero a pesar de todas esas torturas a las que nos vemos sometidos, esos locos bajitos (últimamente empiezo a citar mucho a Serrat, será una reacción de protección contra el Disney Channel), esos esclavistas, nuestros propios negreros, es algo que no cambiaría por nada del mundo. Nada me haría renunciár a María Pilar (mi hija), ni a Cristina o Carlos (los hijos de mi mujer, a los que ya siento como propios), gustoso voy donde haya que ir, con paciencia voy al médico cuando están enfermos y a cambio, recibo muchas sonrisas, muchos besos y abrazos, que hace, que todo merezca la pena.

Porque, nuestros negreros, si que nos pagan, además de con disgustos, con sonrisas, con un cariño y a veces con un beso, cuando te dan un beso ya es la leche, sobre todo cuando van cumpliendo una edad y parece que les da vergüenza, así que trabajamos para ellos, sufrimos por ellos y nos desvivimos por ellos, y lo hacemos con gusto porque en ellos depositamos nuestro futuro, nuestras esperanzas, y mal que nos pese, a veces, nuestros miedos, y aunque algunos no lo creáis, nuestro cariño y amor más profundo.

Un saludo y felices fiestas.

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2 pensamientos en “Nuestros negreros

  1. ¡Qué razón tienes! Aunque me temo que hay que vivirlo en primera persona para entenderlo, y que desde la no paternidad muchos seguramente piensen a-mi-no-me-pasaría-eso. No me extraña, yo tuve ese pensamiento alguna vez, y me equivocaba, como en tantas cosas.

    Te sacan de quicio, te ponen de los nervios, te quedas impotente ante ciertas cosas … pero, como dices, vale mucho, mucho, mucho la pena. Y lo dejo ya que me pongo ñoño.

    Felices fiestas.

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