Esos locos cacharros…

Vaya, pues resulta que hoy se cumplen 65 años de un día de la infamia dentro de la larga lista de días infames de esta nuestra humanidad de locos, que no por fuerza de mucho repetirlo, no para una y otra vez de repetir errores, y el problema es que repetimos los errores para magnificarlos. Y es que hoy hace 65 años de algo que no podemos y mucho menos debemos olvidar, y aunque en nuestra generación todavía haya cierto recuerdo histórico, poco a poco, a falta de que no se repita, se olvida que hace 65 años de la detonación de la primera bomba atómica sobre población civil en Hiroshima.

Y ya se que se han escrito muchos comentarios sobre este hecho histórico, y seguro que la mayoría más acertados que el que pueda hacer yo, así que aprovechando este hecho voy a hablar de algo que si me preocupa más, y es la demonización de la tecnología por parte de mucha gente.

Y es que lo que mucha gente no entiende es que la tecnología no es mala ni buena, simplemente es. Lo que importa, como en todos los casos, es el uso que nosotros, los humanos damos a esa tecnología, y ahí es donde está de verdad la bondad y la maldad de las cosas, en nosotros mismos. Esos que maldicen la energía atómica deberían entender que gracias a esa misma energía se pueden curar cánceres y otras enfermedades, que la misma tecnología que hizo que la bomba llegar a Japón es la que nos permite ver a seres queridos que están lejos en un avión.

Y es que hay miles de ejemplos de tecnología en la que lo que de verdad importa no es la tecnología en si, sino el uso que le damos, en realidad creo que todos, porque por mucho que intentemos evitarlo, lo que creamos como seres humanos es responsabilidad nuestra, y aunque a veces parezcan más inteligentes que la mayoría de nosotros, las máquinas no tienen pensamientos propios, sólo son máquinas que cuentan 0 y 1, eso sí, muy deprisa, pero no hacen más que repetir lo que nosotros les decimos, así que si algo sale mal, al final, no es más que culpa nuestra.

Más que culpar a la tecnología, pensemos en que lo que sirve para acosar a menores en la red, sirve hasta para poder hacer intervenciones quirúrgicas con médicos a miles de kilómetros de distancia. Y que ya va siendo hora de que dejemos de tirar la piedra y esconder la mano. No hay cacharros locos, hay personas locas, no hay cacharros maravillosos, sino gente maravillosa. Porque no nos engañemos, yo me siento al piano y suena ruido, y si se sienta mi mujer, suena música… y así es para todo.

Ale, a disfrutar del verano y esos locos cacharros, pero con responsabilidad, y sabiendo lo que son, sólo instrumentos para lo que nosotros queramos.

He dicho.