Y de pronto, un día…

Sirva este post como un homenaje a esos seres muchas veces invisibles, muchas veces ignorados y muchas veces, por qué no decirlo, despreciadas y malditas por parte de esta nuestra ingrata sociedad. Sirva de homenaje, siempre merecido y, aunque cada vez menos, a veces olvidado, a esos seres mágicos a los que debemos tanto. Se que quizás, para muchos esto suene raro, extraño y hasta a veces, sorprendente, pero este post va para ellas, las MADRES, y más en concreto, por ser este el caso, para MI MADRE.

Y es que de pronto, un día, te das cuenta de lo que de verdad significa ser padre o madre, y te das cuenta, o al menos, eso te lo parece, de los sacrificios, de las negaciones y los esfuerzos que llevaron a esa mujer a ser quien es, las renuncias en nombre de un futuro, los desvelos y noches de poco o ningún sueño, por culpa de ese que un día será ingrato, y que quizás, entre los que me encuentro, será un día un ser agradecido.

Porque yo no se vosotros, pero yo, cada día que pasa, me siento más orgulloso de mi madre, de lo que era, de lo que es, y de lo que espero que siga siendo, una mujer que me intentó hacer mejor desde el día que nací, ya se que habrá alguno que no se sienta así, pero yo debo reconocer que si soy lo que soy a día de hoy, es gracias a los esfuerzos de mi madre. Ella siempre ha estado ahí, a veces acertando, a veces errando, pero siempre pensando en lo que podía ser mejor para mí. Se que esto sonará tópico, pero para mí, ahora, cuando poco a poco me voy haciendo mayor, se va haciendo más claro. Ahora pasan los días, y lo entiendo.

Así que, ya sabéis, de pronto, espero que más pronto que tarde, se os hará claro el porqué de ciertas cosas, de ciertos comentarios y ciertas regañinas… que siempre las hay, por parte de esa persona a la que, queráis tener claro o no, debéis todo, al fin y al cabo, os dio la vida. Ella es vuestra madre. Yo estoy orgulloso de la mía, se llama Asunción y le debo la vida y otras muchas cosas.

Te quiero, mama.

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Por uno mismo

Hoy voy a escribir sobre la CONVIVENCIA, esa cosa tan extraña y que tan de moda está, sobre todo cuando surgen esas cosas tan despreciables y denunciables. Esos actos de inhumanidad y desprecio por los demás, que de vez en cuando salpican nuestros noticiarios.

Convivencia, esa palabra con la que a muchos nos gusta llenarnos la boca y que a veces, tan difícil resulta de llevar a la práctica y que hace que lo que muchas veces parece un ejercicio sencillo, sea imposible o muy difícil, por no ser demasiado pesimista.

Yo voy a hablar de lo que para mí es, a todas luces, uno de los principales problemas para una convivencia entre todos nosotros, y es que, muchas veces, sería mucho más sencillo convivir con los demás, si de verdad pensásemos en los demás y nos diésemos cuenta de si de verdad se podría convivir con nosotros mismos, hacer, al fin y al cabo, el ejercicio de intentar convivir con nosotros mismos. Ya se que resulta extraño plantear eso, pero nos paramos alguna vez a pensar en como somos nosotros realmente, en lo que significa convivir, en lo que el otro tiene que dar de si mismo para soportarnos a nosotros. Creo, firmemente, que si hiciésemos ese ejercicio, sería todo un poco más sencillo, y miraríamos al otro, a la persona con la que tenemos que convivir, de manera distinta. Porque el individualismo, ese culto permanente al ego, es uno de los grandes males de esta sociedad, no digo que sea malo, pero como todo, cuando es llevado al extremo, produce demasiados problemas.

Así que mi consejo, en este día de hoy es simple, antes de criticar a la persona que tienes a tu lado, haz el ejercicio de empezar por ti mismo, y quizás así, lo demás sea más fácil, y nos resulte más sencillo perdonar los “defectos” que en nuestra “perfección”, vemos en los demás.

Así que ya está, empieza por ti mismo, y luego podrás corregir a los demás.

Un saludo.